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Mostrando entradas de diciembre, 2015

El libro de las cosas perdidas - John Connolly

Iba yo todo decidido con este autor y con un "Kindle" que me ha caido del "cielo" y como tenía este libro en formato adecuado me puse a leerlo sin ninguna información.

Al principio me he quedado sorprendido. No encontraba la historia policíaca por ningún lado. La trama es británica y en una época en la que mi admirado detective "Bird" no figuraba. Parece un cuento, mejor dicho, muchos cuentos. Una especie de "refrito" de historias conocidas, tergiversadas por la imaginación infantil y los muchos miedos que te asaltan en esa tierna edad. Miedos... y celos y algunas maldades, inocentes pero con mala leche, más en el deseo imaginario que en las ganas de llevarlas a cabo.

Y es que los que hemos sido niños sabemos mucho de eso. Sabemos perfectamente que los niños pueden ser crueles, mentirosos y poco inocentes. También nos son familiares todas esas pesadillas que amenazando con convertirse en ciertas hacen retroceder a esos malos deseos imaginarios.

Pecados y virtudes (V): Gula y Templanza

Parece que se acaba el mundo. Entras en cualquier tienda de alimentación y la gente anda arrambando con todo lo que encuentra. Quieren llenar la despensa, estar bien preparados y nutridos de cara al apocalipsis.

Estos días son una de las demostraciones a las claras de nuestra franca decadencia. No se escapa casi nadie a este maremágnum gastronómico. Los que tienen porque pueden, los que no tienen porque quieren. Y así andamos exaltando con fuerza el principal pecado capital occidental: la gula.

Porque la sociedad actual siempre está comiendo, o exaltando comer. Así proliferan restaurantes, guías gastronómicas, cocineros que parecen premios Nobel, "cocinillas" que se promocionan (para ligar. Supongo), productos y tiendas de delicatessen (especialmente de ibéricos). Triunfan en la televisión programas que provocan la salivación (en contraposición con los pocos que provocan excitación y junto con los que promocionan la salud o el deporte... de los demás ¡Claro!), se dedican en…

Operación Dulce - Ian McEwan

No sé como llegué a este autor. Ni idea de dónde oí hablar de él. Solo sé que el libro estaba bien de precio y el escritor tiene cierto prestigio, así que me lo compré. Buena decisión.

Como siempre la contraportada es engañosa, palabrería de feriante que va en carromato entre pueblo y pueblo vendiendo tónico capilar o fórmulas para mantenerse joven y vigoroso. Puro fuego de artificio. ¿Quién debe escribirlas? Si uno hace caso a la contraportada se trata de una novela de espías con "un ingenioso y perverso juego de muñecas rusas que atrapa y sorprende al lector con sucesivas vueltas de tuerca". Oye, un consejo al de la editorial: que el que escribe esto por lo menos la lea y... guardarle la botella de orujo que igual da algún chupito de más.

Porque la historia no tiene apenas nada de las características atribuidas habitualmente a las de espías: suspense 0; acción -1; misterio -2. Pero eso no quiere decir que no sea buena, sólo que no es de ese género. La aparición de una age…